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miércoles, 30 de junio de 2010

Aún tengo el amor

Rio Fontirín, Muelas de los Caballeros (Zamora)

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Aún tengo el amor


Yo tengo en el recuerdo la pureza
del verso, de la rosa, del rocío;
yo puedo regresar al mismo río,
tener en el hogar la misma pieza.

Yo tengo en un rincón de la cabeza
el fuego del amor, que fue tan mío;
el beso, la pasión, el desvarío,
los pasos que se dan con ligereza.

Yo tengo un corazón en la corteza,
un vuelco en la razón hacia el vacío
del tiempo, que no acaba, que no empieza.

Yo tengo en el recuerdo la certeza
del sol, de los calores del estío,
del rojo de la sangre y la cereza.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Del libro “El Cielo se hizo de amor”, 1986

lunes, 28 de junio de 2010

Felicidades a los Pedros y a los Pablos

Pablo Climent y Patricia Estrada

Felicidades a los Pedros y a los Pablos

Queridos amigos: dejo aquí esta felicitación que colgué hace tiempo en el Foro de Muelas y a la que he añadido dos o tres nombres:

Conozco a varios Pedros. A éste, por ejemplo:
Pedro Pérez Pereira, primer pintor portugués, pinta puertas para pobres por poco precio.

O a ésta:
Petra Pérez Paramio pide pasaje para pasar para París pudiendo pasar para Pamplona.

viernes, 25 de junio de 2010

Me das la miel

Sara Carbonero: miel sobre hojuelas. Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Me das la miel…

Me das la miel en hojas de nogal
y de ternura,
que dejan en mi boca una extendida llama.

La noche trae aromas de jazmín
                                                y brea,
arrullos de navío y oleaje
y lunas reflejadas en un mar
                                         de almendro.

martes, 22 de junio de 2010

Los amantes amados

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Los amantes amados

Leves rayos de luna
traspasan la barrera
elemental de los cristales
poniendo claroscuros en tu cuerpo.

Hay quietud en la casa
y en el mágico mundo
de las cosas que nos rodean.
Tan sólo yo, por los caminos
inciertos de la noche,
me acerco a ti, que duermes
el sueño complacido
de quien tiene la fuerza del amor.

Desde la calma del amante
recientemente amado,
te miro sin codicia,
pero con mucha devoción,
con infinito gozo.

Estás desnuda,
con la expresión hermosa
de una mujer amada,
una mujer que entrega
el corazón desde una
intensidad correspondida.

Me acomodo a tu lado
y arropando tu cuerpo con el mío,
escucho tu respiración
acompasada, casi musical,
hasta que el alba me bendice
con un sueño de miel, el prodigioso
sueño de quien se siente amante,
amado y satisfecho.

Del libro Gotas de hielo (2011)

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios

sábado, 19 de junio de 2010

La siega de la yerba

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

La siega de la yerba

Lucía una cornamenta
torcida, pitón-serrada,
que le iba dando en el muslo
por el camino del alba.

Llevaba dentro dos piedras:
la dulce y la esmerilada.
Al hombro el filo curvado
de la guadaña.

viernes, 18 de junio de 2010

Las orillas del mar

Villajoyosa, El Charco

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Las orillas del mar


Ciudades, playas, urbanizaciones,
carreteras, acantilados,
estrépitos del agua, zigzagueos
de la tierra y el mar.

Un cielo claro, una gaviota,
los tintineos de la luz, las nubes
de blanca inflorescencia,
las caricias anónimas del aire,
una cala, una isla, un horizonte…

Un almendro que incuba
su primavera, una montaña
poblada de aridez, de pinos, de matojos,
los reflejos del sol, las olas
procelosas, los cuérnagos de luna
o el incierto sendero del espíritu.

Una higuera arraigada
entre lentiscos, una larga vista,
una estela de espuma y de pasión,
un puerto, un espigón, el ancla
de un antiguo naufragio.

El mar, la tierra, la frontera
del ser, la convivencia, el mestizaje,
los sueños de los hombres
proyectados en edificios
con vocación de lontananza,
en barcos de papel, en cuerpos
de carne bendecida
por el sol, por el agua, por la arena.

Las orillas del mar, el paraíso
perdido en las futuras
estaciones de la memoria.

Del libro “Las orillas del mar”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

martes, 15 de junio de 2010

La vaca de Severiana

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

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Ver en Facebook la página "Propósitos ad-versos":



La vaca de Severiana



Como era de esperar, la Navidad había venido con nieve, mucha nieve, tanta que las casas con fachadas a barlovento amanecieron con las puertas cegadas. La estampa era hermosa. El manto que cubría las calles, en sus puntos más gruesos, ganaba en altura a los perros y a las ovejas, e incluso a ciertos niños de 6 ó 7 años a los que la malicia no dejaba crecer. ¿Sería cierto aquello de que la malicia no deja crecer a los niños?

- ¿Eh, papá? –preguntó Isidro- ¿Es verdad eso que dicen de la malicia?

- Puede ser, hijo, puede ser –respondió Juan, su padre, y en su respuesta iba un aderezo de sorna- Ya sabes que “cuando el río suena...”

- Sí, y también sé que cuando llueve hay barro. Pero tú ¿qué dices, eh? ¿Te parezco yo pequeño para mi edad?

- ¿Pequeño, tú? ¡Nooo! Una vaca tendría que cagar dos veces para taparte...

Con semejante nevada ante sus ojos, la gente no sabía qué hacer ni para dónde tirar, pero el Alcalde, en un concejo de urgencia al que los hombres acudieron con picos y las mujeres con palas, o al revés, no sé, pero todos ellos armados de voluntad y, por supuesto, pletóricos de musculatura, mandó llenar el pueblo de un tinglado de zanjas que a los niños les resultaban divertidas. Hartos de batallas campales o de hacer horribles muñecos, la ocasión era excelente para jugar al “escondite, lerite, tranliré, móquili-móquili, zis-zás, tú salvadito estás”. Y ello fue así hasta que se puso delante la vaca de Severiana.

- ¿La que se tira? –preguntó Jacinto, Herrero de apellido y de profesión, gracias a la fragua que, por mitad, le habían dejado sus padres.

- La que se tira o la que se cae –respondió Tiburcio, quien gozaba de las mismas herrerías y era un poco mayor-. Porque has de saber, Jacinto, que en este otoño último se le cayó al pozo ella sola.

- Al pozo van los gatos de agosto, pero no van solos. Uno cae del burro o del tejado por accidente, no por voluntad. Las hojas caen del árbol a su tiempo, también la fruta madura. Cae la lluvia y la nieve y el granizo... Cayó Jesús, cayó el Imperio Romano.... Caer no está en la intención, Tiburcio, y yo te digo: esa vaca embiste...

Disquisiciones aparte, lo cierto es que la vaca apareció de repente por el carril y los muchachos, cogidos por sorpresa, no veían refugio donde meterse. Algunos de ellos eran tan pequeños que andaban casi en pañales.

- ¡Ese niño! ¡Ese niño!... –gritaron varias voces mayores desde sus respectivas atalayas.

Pero el niño no se inmutó. La vaca le pasó por encima sin hacerle un solo rasguño y, con aire suficiente y majestuoso, se dirigió hacia el centro de la Plaza de Matalera, que también era el centro de aquel improvisado laberinto de nieve. Allí clavó sus patas en un quietismo extraño y, de este modo, los vecinos agolpados en los alrededores pudieron ver erigida la estatua que algunos no dejaban de reclamar y el Alcalde no acababa de conceder. “Por mis huevos de Alcalde, que son equilibrados y comprensivos, ¿para qué querrán una estatua estos mamones, habiendo como hay necesidad?”.

Nevaba en los horizontes de Muelas. Los copos se depositaban mansamente sobre la ancha piel del cuadrúpedo, cuyo pelo era rubio y bermejo. Nevaba en los castaños y en el tilo, en las acacias y en los aleros, pero ahí nevaba ya sobre nevado. Nevaba también en las espaldas de los concurrentes y en las sufridas orejas de los que, teniendo puesta la boina, no la tenían calada hasta las amígdalas.

La vaca seguía en sus quietudes, tal vez en sus profundos nirvanas.

- ¡El Minotauro! –gritó Fernando, un diletante que, por razones no indagadas, pasaba las Navidades en Muelas. Se trataba de un ingeniero de Zamora que tenía en común con su mujer una barriga de imposibles cinturones, anchas vestimentas y muy flexibles tirantes. No tenían hijos. Se decía que los médicos no les daban explicación, y esa explicación que no les daban los médicos se aceptaba en el pueblo como causa de no poder tener hijos, sin meterse en mayores honduras. Pero los niños tenían un porqué de verdad:

- Hombre, porque con esa barriga no le llega, ¿por qué otra cosa va a ser?

Y creían saber el remedio:

- Coño, con ponerse atravesados...

En lo tocante a la vaca, nadie acertaba la razón por la que había llegado al baile ella sola. ¿De dónde había salido?

- De Creta –insistió Fernando, y miraba intensamente al Alcalde.

- Que no decreto, hombre, que no decreto –dijo éste- El presupuesto no da para estatuas y mucho menos con artificios y cinceladuras.

- Decreto yo por ti, Alcalde –replicó Juan- Y decreto de este modo: si los de Cuenca son cuencos, como parece, los de Creta han de ser cretos por necesidad, o al menos por derivación o por lógica, pero puede que la excepción haya hecho que algunos sean simplemente cretinos. Ésta no es Minotauro, don Fernando, bien se ve, ésta es una vaca “marela” que al sacar el hocico a la nieve le ha dado un pasmo de congelación...

- No es “marela”, Juan, sino “bretona” –dijo el mayor de los Herreros.

- ¿Y no será la Bruja Dolores? –medió Jacinto, su hermano y socio, que seguía de cerca la tertulia- La melena que tiene es una mata florida y el rabo un espeluzno con tirabuzones...

- Entonces no hay más que hablar –sentenció Fernando- Es el Minotauro vestido de Piconera.

Se hizo un breve silencio, durante el cual, la cordura de los presentes miraba hacia la extraña chaveta de Fernando, que algunos creían atolondrada: “Panza tienes mucha, mamón, pero el exceso lo llevas en el cacumen. Si tuvieras algo que hacer...”. A Jacinto, en cambio, todo el mundo le perdonaba las ocurrencias y las sandeces, porque, siendo éstas claras y distintas, eran parte inexcusable del acervo corriente de los vecinos. Las de Fernando eran cábalas oscuras que, siendo de difícil comprensión, no hallaban encaje ni acomodo dentro de la tradición aborigen.

- ¿Y tú que ves, chaval? –le preguntó a Isidro una voz de mayor que, procedente de una retaguardia en altura, resultó ser la de un tal José Antonio, primo de la familia.

- Yo veo una montaña nevada –contestó Isidro, al tiempo que se rascaba una falange amenazada de sabañón.

- Ya, y yo soy Franco, no te amuela...

- No, tú eres José Antonio, que te conozco. Y también conozco a Franco, que tiene un comercio de ultramarinos enfrente de mi casa. Y se llama Francisco. Y tiene bolas de anís.

Lentamente, el cielo se iba abriendo e iba entrando la luz. En la plaza se instaló una blancura inmarcesible cuya intensidad hacía daño en los ojos. La gente empezó a desfilar con parsimonia y hasta la vaca tomó de nuevo el carril para dirigirse mansamente a la cuadra, donde, si no el calor de un hogar, tenía el de la paja menuda. Y también tenía el pienso, que, tal como expuso Descartes en su día, es la confirmación “in extremis” de la existencia.

El narrador es consciente de que ha dicho a la cuadra y tal vez hubiera debido decir al establo ¿Por qué? Porque hay algunos países en los que, aun siendo del entorno de nuestro idioma, una misma palabra puede tener significados diferentes, induciendo a confusión, como puede verse en este texto de Borges: “Lento el andar, en la posesión de la espera, llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que busco”. No obstante, en los pueblos de La Carballeda zamorana, el establo se asocia mayormente con el Portal de Belén y, éste, debido a sus connotaciones ecuménicas y religiosas, ha gozado siempre de la consideración de impoluto, algo que evidentemente no trasmite la cuadra. Por otra parte, es cierto que la cuadra tiene un nombre menor: la corte, pero todo el mundo dice que la corte está en Madrid y que de tales identidades nominativas sólo pueden salir inconveniencias y mancillamientos, dados los agravios de contenido.

- A ver si te embiste el Minotauro, Fernando, que tú no pasas desapercibido y el laberinto tiene los carriles estrechos.

- Más los tiene la vida, Juan, y, de una forma o de otra, por la vida vamos airosos. Además, ya se ha roto el hechizo y el que antes fue Minotauro ahora es sólo una vaca.

- Nada es del todo lo que parece –arguyó Juan con una cierta ironía-, pero, por más que las cosas descarrilen, todo vuelve a su esencia primigenia. La nieve se licuará y el laberinto será tierra de nuevo. Eso sí, tierra mojada. La tierra se hará barro y el barro se hará polvo. De manera que en el polvo confluiremos, allá por el verano, porque en verano volvéis, ¿no?, calculo... Y, mira, cuando el verano se agoste, confluiremos en el polvo de la eternidad, que es ceniza y es frío...

Durante unos instantes, la vaca de Severiana fue una estatua de nieve y de belleza. La de Eleuterio había sido en su día un modelo de canto y de fornicación. Si las vacas de la India embistieran no podrían ir sueltas por las ciudades, sorteando los automóviles, engullendo los lotos de los jardines, sacralizando sus rumios bajo una estatua de Buda o de Vishnú. La vaca de Severiana era un poco toruna en las maneras, pero no fue nunca machorra. Parió varios terneros en su larga vida. El último le vino atravesado y... ¡Bendito sea Dios!: se los llevó la parca. Pero eso fue más tarde, en los tiempos de la prosperidad, en los que Isidro había salido del pueblo para hacerse un hombre.


Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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domingo, 13 de junio de 2010

La trilla

Trillo de Daniel Estrada y María Vázquez, Muelas de los Caballeros. Sigue en la casa familiar. Charo le pule las piedras


La trilla


Bajo la cruda justicia
que el sol imparte en las eras,
el trillo arrastra en redondo
sus duros dientes de piedra.
Del trillo tiran dos vacas
y de las vacas la inercia.
Un hombre lleva a sus rabos
una guiada y dos cuerdas,
una banqueta, una pala,
una actitud soñolienta...

¡Que nubarrón de sopores!
¡Qué eternidad, cuántas vueltas!
¿Adónde fijo los ojos
para que no se me duerman?

Dos batallones de rabos
se abaten sobre sus dueñas;
las moscas, que quieren sangre,
en el empeño no cejan.
En torno todo es solana,
mañizos, parvas y medas;
el carro para hacer sombra,
sombreros en las cabezas.

La trilla es una gran cama
donde los ojos se cierran.

Ya se han cerrado del todo,
ya se han rendido a la siesta;
ya lo barrunta esa vaca
con su boñiga más tierna.

¡Que caga! –zumban mil voces
como en un grito de guerra-

Un arrebato de furias
se va a la pala, no llega...
El oloroso invitado
ya ha traspasado la puerta.
La bosta engrosa la trilla
con sus mejores esencias.

-Ya no hay remedio. compadre,
de aquí pa,lante ten cuenta.

Del libro "Trozos de cazuela compartida"


Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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viernes, 11 de junio de 2010

Lago de Truchillas

Patricia y Daniel Estrada en el Lago de Truchillas, hace entre 15 y 20 años


Lago de Truchillas.

Queridos amigos: ahora que se queman los montes en España y hace calor en el Sur, que para esto sí existe, ¿no os apetece una tacita de refrescante agua fresca? En este relato la encontraréis. Agua de montaña, apetecible y fría. Agua de altura. Agua glaciar. Lago pequeño, pero lago. Sin turismo. Con soledad. Con honda soledad...

Como en el sur (del Lago) hay una pequeña pradera, algunas veces hay vacas, pero también están solas. Amaneceres limpios, noches de profundo silencio... La descripción es del lago de Truchillas, y Truchillas es un pueblo chiquito (Truchas es mayor, o eso sugiere el nombre, pero no lo sé). Ambos están cerca de Muelas, aunque hay una sierra por medio... Cuidado con sus dientes, llevad un botiquín, las tiritas las tenéis allí, de frío... (No es verdad, en agosto se puede uno bañar en el lago, yo lo he hecho a veces...)

Un abrazo


De Aguablanca al Lago de Truchillas

La espalda de la sierra de la Cabrera, desde esta fuente blanca e invisible (*), es una metáfora de lo trascendente. “¿Quién se atreve a rasgar sus tafetanes negros?”. No sólo es esta china gigante que tengo ante mis ojos, sino la sierra toda ¿Cómo pasar al otro lado? ¿Qué hay al otro lado? ¡Ah! San Pedro es el portero del cielo, pero no es el único. Ni al cielo se accede solamente desde Madrid. Se puede ir por Vega, por ejemplo, cortafuegos arriba, y luego campo a través. Aldilá, trasmonte, plus ultra, trascendencia. La trascendencia requiere imaginación, tal vez metafísica y engaño. La montaña se cruza con piernas y voluntad. ¿Sugiere usted que en el trasdós de esta montaña - tampoco tan difícil de trasponer-, hay un enclave celeste, un edén, algo semejante a un paraíso? No, lo que hay es un circo con enanos (por el frío, ¿sabe usted?, monte bajo, naturaleza rastrera) y un agua que corta los tobillos y enfría las sandías con la efectividad de los neveros. A propósito: ¿cómo nacieron los neveros si son anteriores a las neveras, que debían ser sus madres? No sea usted simple, hombre, ni chistoso ¿O es necesaria una caballa para que nazca un caballo?

Truchas es un pueblo. Truchillas es un pueblo con lago: lago de Truchillas. Un lago pequeño, ciertamente, casi un suspiro, casi una lágrima de Nereida. Laguillo, sería más justo decir. Lagunilla, iboncillo. La Gunilla y Von Bismark. En el frente sur, entre el lago y el arroyo, hay una pradera con vacas; el resto es un ribazo de vegetación adaptada a las alturas y una invitación a la nieve. El fondo del lago es una alfombra verdosa. Arándanos y vacas en agosto, nieve en enero, hielo en febrero, “viento en popa a toda vela”, marzo nidarzo. En Julio ya se puede acampar. Agua, claridad, virginidad. En enero se hielan las ideas. En agosto hay vacas. Y están solas. Sin toros, sin maridos, sin pastores. Sin encanto. Solas. Pero ¿qué? ¿Para qué engañapastores? Las vacas no son apetecibles. Las terneras, sí, en filetes. Filetes de ternera. Lo siento, señor, sólo hay estofado de vaca. De la vaca, la leche y el ternero. Del ternero, la carne. De la carne, la forma, la contemplación, el rendibú, el teticulo. Es decir, la vista, el tacto, la caricia, la plenitud gozosa del pecado. “Después del amor, la tierra / Después de la tierra, todo”. La vaca es un espectro inquietante en el trasluz de una tienda de campaña en el verano.

Amanecer, diana forzosa. Julio, vamos a desintegrar la montaña. Empuja. Que las rocas se pongan a rodar por la ladera. Enero, cúbrela de nieve y de congelación. Agosto es un goteo en la roca, refrescante y puro, al fondo de la herradura del lago ¿Por qué te llaman circo? Rosicler. Amaneceres con fuego. Albas anteriores al Diluvio. Pureza, ingenuidad, resplandor que se abre a la mañana sobre los cuerpos que duermen y sueñan y palpitan. Sol que alcanza la lona de la tienda, que es intimidad de dormitorio. Trasluz. Cuernos de la vaca. ¡Dios! ¿Qué es esto? Esto es un rumiante, esto es el pasto, esto es la pradera ¿De verdura? Sí ¿No ves que es una vaca, tonta? Una vaca tonta ¿Que muerde? Claro, con los pitones. Y tú metida en un saco. “Dormir, tal vez soñar”. La vaca es el aguijón de la pereza. Pero muy madrugador ¿no crees? Y qué pronto es por las mañanas ¿no? ¿Qué hacemos ahora? Esperar, luego se hace más tarde.

Los amaneceres de agosto, en el lago, son esperanzas con abrigo. Caricias trémulas, recogimientos del alma. La calma nos remite a la inmensidad del universo. Quietud imperturbable. Limpidez purificadora e infinita. Altitud de miras. El agua del lago es un espejo de confusión. Observa. Ponte así o asá. Túmbate, ladéate. Gira la cabeza hasta la horizontalidad con el terreno. Haz abstracción de la postura. Ahora, dime: ¿dónde está la montaña? No sé, hay dos montañas ¿Acaso estoy borracho? Sí, de gozo y de admiración. La realidad y su imagen. Virtualidad. Identidad. En el principio fue el agua. Luego vino la luz y sobre el agua se reflejó la naturaleza. La luz se extendió por la mañana y todo fue transparente y luminoso. Y tus ojos, mujer, apartados ya de los rumios y del miedo, creyeron en los míos que, llenos de amor y borrachera, se posaron sobre ti y contemplaron tus ámbitos hermosos, duplicados por la luz y los sentidos, igual que la montaña por el espejo del lago. Amaneceres de altura. Bellezas prontas. Gritos del silencio. Plenitud humana. Calmas adquiridas. Territorio al alcance de los mortales...

Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”

(*) Se refiere a la fuente de Aguablanca

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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jueves, 10 de junio de 2010

Sueños de ayer, realidad del presente.

Esta parejita está en el salón de mi casa. Cosas de Rosa


Sueños de ayer, realidad del presente.


Queridos amigos:

Ahora que en esta sociedad sin educación la enseñanza está en estado de ruina, quiero ofreceros un diálogo entre dos amigos que, después de haber sido jóvenes y revolucionarios allá por los 70, se separan, viven independientemente sus vidas y, pasados unos años, vuelven a encontrarse a solas con motivo de una larga excursión. Estas son algunas de las cosas que se dicen:


Sueños de ayer, realidad del presente.
Escrito en el año 2002
....

-Pero yo me refería a nosotros –siguió diciendo Isidro, después de inspeccionar con Antonio las pisadas de la discordia-, los que poníamos la sangre en el empeño y la fidelidad en los ideales; los que leíamos a Rilke y a Neruda, los que invertíamos en el amor y en el aprendizaje porque amábamos a un plazo muy largo...

-Eso es lo que acaso nos perdió, Isidro –replicó Antonio-. El plazo era tan largo que amábamos siempre en el futuro. Y el futuro no llega jamás, porque, si llega, ya es vulgar presente. Amemos, pues, en presente, y amemos de una forma directa, con precisión, con garantía, sin circunloquios estúpidos.

-¿Por ejemplo?- inquirió Isidro.

-Por ejemplo –contestó Antonio-: hay que bajar de las nubes, hay que desmitificar los ideales y las revoluciones, todas las revoluciones, incluidas las buenas, si es que existen. Hay que buscar donde es seguro que haya. Hay que apear de la mirada los candores y los romanticismos. Y en la vertiente puramente amorosa ¿qué quieres?: amemos con el poeta de Sevilla “lo que ellas tienen de hospitalario”...

-Déjalo, Antonio, déjalo, porque tanta claridad es ya dolor –respondió Isidro, tergiversando un hermoso verso del poeta Claudio Rodríguez.

-¿Ah, sí? Pues “no le toques ya más, que así es la rosa” –sentenció Antonio, por su parte, desde la reconocida autoridad de Juan Ramón Jiménez.

-¿Qué rosa, Antonio? ¿la del jardinero, que la cultiva? ¿la del revolucionario, que la persigue? ¿la del poeta, que la canta? ¿la del místico, que la espiritualiza? ¿la del transido por una espada de amor, que la convierte en una baba constante y objetivamente indigesta? Es cierto, las cosas son como son y ahora pintan bastos para nosotros, los que creímos en el amor y en las revoluciones, pero ¿debemos someternos a esta tiranía que ahora nos oprime, llenando los bolsillos de comodidad y la conciencia de vanos subterfugios? ¿Debemos ser mansos hasta el punto de aceptar una derrota sin condiciones? ¿Por qué hay que ser manso para heredar la tierra? ¿Y qué tierra es ésa, que no esté ya heredada por los ricos? ¿Será acaso la tumba, sobre la que, de todos modos, hay que pagar aranceles y peajes? ¿Será quizás el huerto que siempre hemos llenado de conquistas, aun cuando fueran imaginarias? ¡Imaginaria, el búcaro! ¿Será la indignidad, será el salvoconducto de un silencio comprado?

-Los sueños de este tiempo tienen una parcela común –sentenció Antonio-, se llaman adosados y colman con holgura las aspiraciones de las mayorías. Pero yo creo que eso es realmente una conquista.

-Sí, la conquista que sigue a la claudicación.

-¿La claudicación? No, Isidro, la praxis. Qué palabra ¿eh? –Antonio giró el cuello para mirar a los ojos a su compañero-. ¿Te acuerdas? Ahora resulta repelente: la praxis... Pero la gente no es tonta, sabe hasta donde puede llegar y, a partir de ahí, no quiere meterse en honduras ni en berenjenales. Y acaso tenga razón, porque, mira, Isidro, ¿de qué nos vale soñar toda la vida si en los apuntes del alba siempre se nos rompen los cántaros con los que, emulando a la lechera, reescribimos tercamente su famoso cuento?

-¿Y si no soñamos, qué hacemos, Antonio? ¿Nos cortamos la coleta, nos hacemos eunucos, bufones de la corte? ¿Entablamos una larga amistad con los nenúfares? ¿Nos entregamos al vicio? ¿Nos damos vaselina para allanarles el camino a los verdugos? A mí me clavaron otras lanzas que me hicieron otras heridas. Y algunas aún me sangran y me duelen, Antonio, ¡qué le vamos a hacer! Me duelen los oprobios y la esclavitud, me duele la miseria y el hambre, me duele la chavacanería de las televisiones, que se traslada irremisiblemente a la sociedad, me duelen los jóvenes sin lengua, sin lenguaje, me duelen las zancadillas, el beneficio que ofende a la razón y se acomoda impunemente en la usura, las corrupciones, el mamoneo, la deshumanización, la tiranía en el trabajo, el acoso, el abuso, la sumisión de los políticos a las multinacionales, el poder de las mafias y de las drogas...

Del libro Aguablanca: caminos de ida y vuelta (2002)

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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martes, 8 de junio de 2010

Letras de canciones: ¿algo que ver con la poesía? Bájame al suelo

R. Arcusa, M. Estrada y Ángel L.Prieto de Paula, en la presentación de "Amores colaterales"

http://paisajes.blogcindario.com/2007/08/00215-letras-de-canciones-algo-que-ver-con-la-poesia.html

Letras de canciones: ¿algo que ver con la poesía?



Queridos amigos:


En el otoño del 2003 e invierno del 2004, Ramón Arcusa y yo nos obsequiamos mutuamente con tropecientos correos electrógenos, por decirlo en terminología del locutor Carlos Herrera. Ramón estaba en Miami, donde reside una parte del año, y yo en Villajoyosa, donde resido casi siempre. Hablábamos de temas muy diversos, entre los que se encontraba escasamente la música. La música empezamos a tocarla cuando yo, en uno de los correos aludidos, le sugerí: “Ramón, podíamos hacer una canción, yo escribo la letra”. A lo que él me contestó: “De acuerdo, Mariano, pero no voy a ponértelo fácil”. Y ahí empezó el parto de los montes, ya que, con mucha paciencia por su parte y mucha perseverancia por la mía, conseguimos hacer una canción que, a estas alturas del partido, debería estar estrenada. No lo está, pero ése es otro asunto. Tal vez no sea yo el más indicado para hablar de la letra, lo que sí puedo decir, en cambio, es que la música tiene muchos quilates.

Dicho lo anterior, surge necesariamente esta pregunta: ¿Y cuál es el parto de los montes, al que te refieres? Pues bien, digamos que la canción, durante el proceso creativo y hasta que todos los puntos estuvieron sobre las íes, dio bastante guerra. Incluso mucha guerra. Pero es que cuando Ramón le dio el placet, en una primera aproximación, yo llevaba escritas dos mil ¿Dos mil canciones? ¿No exageras, muchacho? Bueno, lo dejaremos en doscientas, ¿tampoco? Desde luego fueron más de dos, muchas más de dos ¿Podrían ser veinte? Podrían, no hay más que contarlas.

Eso sí, cuando yo ya estaba a tiro del desaliento, apareció de pronto la musa. Ramón me lo expresó con las siguientes palabras: “Ahora sí has entrado a matar, Mariano”. Cosa que no era cierta del todo, porque después vino Paco con los estoques ¿Que quién es Paco? En aquellos momentos, un heterónimo de Ramón Arcusa.

Explicación de la falla: Ramón me había dicho desde el principio que debía ponerles coto a las adherencias líricas de la pluma, ya que se trataba de hacer una canción, no de escribir un poema. Y tenía razón. Pero yo reconozco que, a pesar de intentarlo, no hice un buen reciclaje.

Ahora que he vuelto -y ya con más distancia-, sobre aquellos fatigosos trabajos, puedo decir que, en el intento de ser y no dejar de ser, perdieron lo mejor de la poesía y, como contrapartida, no encontraron lo bueno de la canción. ¿Podemos concluir, entonces, que estamos ante una suerte de híbridos indefinidos? Podemos y aun debemos: son híbridos que pueden ser canciones que pueden ser poemas. O también, seres desnaturalizados que no son ni una cosa ni la otra, tal como puede apreciarse en el ejemplar que os dejo, que pasa por ser uno de sus más dignos representantes.

Un abrazo

Ver el PPS de Mar:
http://cid-b9547652472c3167.office.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_B%c3%a1jamealsuelo.pps


Bájame al suelo


Yo quiero estar a tu lado
como un perrito faldero,
sentir de cerca tus pasos
y compartir tus silencios.

Quiero llenar, como el aire,
la habitación de tu cuerpo.
Hacerme lago de espuma
para vaciarlo en tus besos.

Échame el lazo,
córtame el vuelo,
átame corto,
bájame al suelo.

Yo no renuncio a la luna,
pero me basta tu cuerpo:
tu boca para mi hambre,
tus ojos para mis sueños.

Y lo demás, para andarlo
como si fuera un sendero,
tan largo como la vida
y, como el mar, tan extenso.

Échame el lazo,
córtame el vuelo,
átame corto,
bájame al suelo.

Tómame el pulso,
quítame el miedo,
rásgame el traje,
búscame el cuerpo...

Yo quiero estar a tu lado
después de amar, casi muerto.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

lunes, 7 de junio de 2010

Marinero en Villajoyosa

Mariano Estrada, años 1973-1974, en el mar de Villajoyosa

Ver PPS de Mar: (del poema El mar, como remanso de la tierra)


Marinero en Villajoyosa


Quién iba a decirme a mí, niño de lengua castellana con ribetes astur-galaico-leoneses, que en Madrid, tras años de Retiro y Manzanares, iba a encontrarme con el mar. Sí, sí, concretamente con el mar de Villajoyosa. Y más que con el mar, con el puerto. Y más que con el puerto, con la barca de un amigo. “Háblame del mar, marinero / dime si es verdad lo que dicen de él” Y, en realidad, con la barca del cuñado de un amigo, que yo imaginaba grande, como el puerto, como el mar, como las ganas que yo tenía de ponerme a barlovento y orientar los ojos a proa…Como la gran imaginación de este amigo que, con el toque mágico de la palabra y la gesticulación, elevó un pequeño barco a la categoría de la Pinta, la Niña, la Santa María y poco le faltó para convertirlo en Titanic o Potemkin. O al menos en Bergantín, aquel bajel pirata de dos cañones por banda / viento en popa a toda vela… Se llama Luís Bomant. No el barco, el amigo.

Vine, al fin, al mar. Fui al puerto. Vi mermar ese barco por las cuadernas y las amuras y los tendales, lo probé, fui a pescar al curri con ganas, con ansiedad. Y con mi amigo de timonel… Pero tengo que decir que lo único que pesqué fue un enorme mareo. Quien conozca los mareos del mar, comprenderá que no me quedaran ganas de volver a embarcar en la vida, pero supe oportunamente, por otro amigo de Alcoy, de nombre Quique, que había unas pastillas, llamadas neogynona, con las que se evitaban los embarazos. Entonces volvimos a embarcar, Luís con Olga, yo con Rosa ¿Que qué pasó? Solamente un hombre del interior, zamorano para más señas, tropieza dos veces con la misma barca. La neogynona evitaría los embarazos, no digo yo que no, pero los mareos no los evitaba ni una pastilla de biodramina. Es decir, los evitó mientras estuvimos a bordo, tal vez por aquello de que estábamos con chicas y había que ser machotes, toreros y valientes. Pero luego me vino la regla en el Miami, que era y sigue siendo la cafetería de Juanito, para cuyo equipo de fútbol, llamado ”Miami bis” (sic), jugaba yo por una ficha módica. Módica, a pesar de que ganamos el campeonato (José Miguel, Torrero, Perola…Juanito nos guarda en una foto). Digo que allí, en el Miami, sentado en una silla de la terraza, solo, como hacía Pepe Gordero, se me subieron a la cabeza unas cuantas hormonas vestidas del eterno femenino, ése que noveló Álvaro Pombo. Y me mareé, sí, me mareé retrospectivamente, como si fuera un tembleque por el retrovisor…

La foto que os dejo, sin embargo, fue tomada en el barco de Miguel Ángel, no el sixtino Buonarroti, sino el toledano del Circo Romano, cuyo padre, que en paz descanse, regentaba la administración de Contribuciones en Villajoyosa, sita en la calle Pizarro número dos. Fuimos al calamar y a punto estuvo Nereo de arrancarme un apéndice digital para alegría de los tiburones. Sólo a un hombre del interior, cazurro y zamorano, se le ocurre enrollar en el dedo el hilo del que pende la potera. La potera, sí, ese anzuelo múltiple que se enganchó en el fondo del mar, junto a las llaves…Menos mal que yo era un joven galano y se me daba bien el desliz…

Pero esto no se nota en las fotos, donde sólo queda un recuerdo bonito. Ojo, no he dicho atún, sino bonito. Y es que fue realmente bonito. El atún entró en mi casa con Pablo, que es hijo de un pescador de muchos quilates y novio de una vilera bilingüe cuyo padre es un cazurro zamorano. Se llama Patricia. Ella es la que ha traído el atún a esta casa. Y la lechola y el denton y el calamar…Todo muy exquisito. Bueno, y a Pablo también lo trae muchas veces. Y Pablo es exactamente ese joven al que todas las madres quisieran para yerno.

Querido Luís, quiero embarcar de nuevo contigo, pero me ha asaltado una duda: no sé si eras tú el que me mareabas. Si has mejorado el barco, lo podemos probar.

Querido Miguel Ángel, tenías que haberme advertido de lo del sedal. Claro que tú, por entonces, más que en el mar de Villajoyosa, andabas en los callejones nocturnos de Toledo, que solían estar llenos de gatos.

Quiero deciros a los dos que, aparte del mar, siempre tendréis algo bueno en los ojos: las imágenes que os llevasteis de Muelas. Yo os devolví la visita y, ya veis, me he ido quedando… ¿Cuántos años hace, treinta y cuatro? No lo sé, pero entonces, como bien dijo Alberti “ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido”

Un abrazo


El mar, como remanso de la tierra.

Cansado de la tierra vine al agua
del mar, como a una Tierra Prometida.
Aquí mi corazón volvió a la vida,
al beso de la luz mediterránea.

Se alzó sobre las olas, viento y ala
de un barco sin timón, a la deriva.
Y fue potera y pez, arpón, herida,
rumor de tempestad y mar en calma.

Y ya por el azul, gaviota blanca,
sintió la sed del mar en tal medida
que quiso hacerse sal y se hizo alga.

Al filo de una roca puse el alma
que fue, como la arena, sacudida
por cantos de sirena hacia la playa.

Del libro “Tierra conmovida”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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jueves, 3 de junio de 2010

Escribir sonetos. Del amor al olvido

Boticelli, El Nacimiento de Venus. Tomada de internet sin ánimo de lucro


 
Escribir sonetos. Del amor al olvido


-Mariano, tus sonetos son bastante aceptables ¿por qué no escribes más?
-Porque todo tiene su tiempo y su hora, y los sonetos ya pasaron por mí
-¿De qué forma y manera?
-Pues no sé, de la forma y manera que pasa todo en la vida, ¿comprendes?
-No
-¿De veras? Imagínate que yo tuviera seis hijos, todos sanos y salvos ¿Me harías la misma pregunta?
-Pues claro: ¿por qué no escribes más?
-Touché
-Puede, pero no te me vayas de rositas.
-Las rosas son mi debilidad, no lo olvides
-Y los árboles?
-También, los árboles son agua de la que beben los hombres y los pájaros. La rosa, que es fragilidad y fragancia, es materia y sueño. Las rosas tienen para mí una doble vertiente
-¿Y los sonetos?
-Los sonetos han pasado a la historia.
-¿Quieres decir que han perdido su validez?
-¡No! Algunos son auténticas obras de arte que resistirán el paso del tiempo. Además, en esto hay que arrimar el hombro, claro, porque el arte hay que preservarlo para las futuras generaciones.
-Entonces… ¿por qué no escribes más? Y a ver si a la tercera va la vencida…
-Por la misma razón que los arquitectos no hacen más catedrales góticas. Y mira que hay arte en las catedrales góticas… Ya sé, ya sé que la comparación no es la más adecuada, pero, en cierto modo, el soneto No me mueve mi Dios para quererte resiste la comparación con un templo cristiano. O con una obra de Haendel. O con un cuadro de Boticelli
-Creo que nos hemos ido un poquito
-Vaya, pues haberse ido es casi igual que estar loco. De ahí a escribir sonetos…
-¿Quieres decir que hay que estar loco para escribir sonetos?
-Para eso y para escribir poesía en general
-Pero tú escribes poesía, en general…
-Claro, y también estoy loco ¿O no?
-Pues mira, sí, me has convencido, estás como una cabra zamorana. Además, la opinión que yo tengo de tus sonetos no es tan buena como te he dicho. De hecho, creo que es mala de solemnidad. Y tu poesía en general es estúpida, como ya se encargó alguien de decirte por e-mail. Y todos tus escritos son un derroche inútil y una vana pretensión de belleza…. Ya está bien de alabanzas sin cuento, leche… Joder, con el tío. Le preguntas y no responde, le llamas y no sale a la puerta. Quieres meterle en el carril y él se empeña en andar a salto de mata. Has de saber, fenómeno, que la poesía y la nada son la misma persona. Que te baile el agua San Remo, si quiere. Con la pala. La coba es patrimonio de los políticos, tú se la das y ellos te dan la subvención o te adjudican la obra. Pero, ¿qué sois los poetas, en el caso de que tú seas realmente un poeta y no un vulgar sensiblero con fuertes desviaciones hormonales y un factor psicótico en la personalidad? Dime, ¿qué sois los poetas, después de todo, sino unos pobres ilusos que andan por ahí, como indigentes, a la caza de unos cuantos lectores? Te tuve amor, pero era falso, ahora ya estás en el olvido…

Un abrazo

Ver PPS de Mar:
http://cid-b9547652472c3167.skydrive.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Delamoralolvido1.pps


Del amor al olvido

Del libro “Vientos de soledad" (1984)

Un hombre, una mujer, una mirada,
un beso, una caricia, una promesa…
No sigas, soliloquio, no interesa
oír la propia historia mal contada.

Su nombre es ilusión y es como un hada
que atrae, que emociona, que embelesa.
Su cuerpo es una rémora que pesa
y al fin es soledad y desgraciada.

Yo soy una dolencia descarnada
del tiempo esplendoroso de la fresa,
del rojo de la rosa enamorada.

Cogida por el sueño, recortada,
un día desperté sobre una mesa,
abierta como el sol, pero olvidada.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios